
El 16 de septiembre de 2003 -tras haber sido digitalmente designado por JoséMaría Aznar su sucesor-, Mariano Rajoy se presentó en sociedad y anunció através de los periodistas [en aquel tiempo aún daba la cara ante la prensa]que concurriría a las elecciones del 14 de marzo de 2004 "con un programa decentro, reformista y moderado".
Rajoy apareció así, de pronto, en el escenario popular como si fuera unaespecie de príncipe azul, protagonista de un cuento de hadas, cortés,educado, dialogante y, sobre todo, con perfil de hombre de Estado. Esa imagen fue proyectada urbi et orbe gracias al potente aparato mediático genovés.
"¡Ya viene el cortejo!"
En esta ocasión, parecía que, por fin, el tren del PP había llegado a laestación centro. Se nos dijo hasta la saciedad que Rajoy había sido nombradopor el Gran Capitán Aznar López para culminar definitivamente el viaje de laderecha al centro. Evoquemos a Rubén Darío en su "Marcha triunfal", -lamarcha triunfal de Rajoy hacia La Moncloa: "¡Ya viene el cortejo!"/ "¡Ya viene el cortejo!"/ Ya se oyen/ los claros clarines/ La espada se anunciacon vivo reflejo/ Ya viene, oro y hierro/ el cortejo de los paladines".
La parafernalia
Toda aquella parafernalia de la moderación pronto, sin embargo, se vinoabajo. La entronización del sucesor de Aznar no fue más que un espejismo,aunque Rajoy haya seguido, erre que erre, impertérrito, recitando idéntica cantinela. Días antes de las generales de marzo de 2008, manifestaba enAntena 3: "Si algo soy es moderado, sensato (...) Voto para que haya concordia entre los españoles (...) Debemos trabajar por un país en el que reine la concordia". En El País dijo: "Yo soy esencialmente un moderado". Y en La Vanguardia: "El centro es la vocación de ser moderado y tolerante".
Este mirlo blanco
de las segundas elecciones generales perdidas por este mirlo blanco,estalló la guerra interna, promovida por los radicales neocons, encabezadosa bandazos por Esperanza Aguirre, los componentes de la vieja guardia deAznar y, en el ámbito periodístico, los pedros jotas, los losantos y la Santa compaña. Rajoy jugó entonces a pacificador, a político pragmático,respetuoso con el adversario y férreo partidario del sentido común. Otra vez, los ingenuos le concedieron algún crédito.
Palabrería huera
Pero los ingenuos se equivocaron. El centrismo con el que se continúan adornando Rajoy y sus mujeres y hombres de confianza ha vuelto a ser pura palabrería huera, propia de charlatanes de feria o de profesionales del tocomocho. Asistimos al desfile -por la pasarela de la realidad- detimadores y timadoras luciendo disfraces de políticos y políticas populares.Esto se ha producido, con intensidad incontenible, a partir de que emergiera el caso Gürtel, sin menospreciar el affaire de los espías, de sello esperancista. Como es también esperancista el enigmático suceso de la Fundación secreta, donde enviaba dineros, por ejemplo, el actual presidentede la CEOE, Gerardo Díaz Ferrán, el acuñador de la viril frase: "Esperanza es cojonuda".
Ángel Acebes
María Dolores de Cospedal está haciendo bueno a su antecesor, Ángel Acebes.Frente a la actuación del Estado de Derecho -una de cuyas obligaciones es investigar y denunciar los hechos delictivos vinculados a la corrupción política-, el PP de Rajoy no ha parado de propagar infamias e injurias debaja estofa. La retórica de Cospedal es ultramontana o neofascista. La culpa de lo que está sucediendo -según la doctrina Rajoy- no es de los populares corruptos ; los del Gürtel y los del Gobierno Matas, en las Baleares. Los culpables son el Gobierno Zapatero, el magistrado Garzón, jueces como José Flors, en Valencia; o Antonio Pedreira, en Madrid; la Fiscalia Anticorrupción, medios progresistas, como El Plural, el Grupo Prisa oPúblico.
El todo vale
Para salvarse, como sea y al precio que sea, de una situación que concierne fundamentalmente a Rajoy y a su demagógica muchachada, el PP utiliza por enésima vez el todo vale. Francisco Camps, ese mentiroso, arremetió -el díaque se conoció lo de sus trajes- contra el Gobierno, al que comparó de forma inequivoca con el régimen nazi. Ahora resulta que, según Cospedal, estamos en "un Estado policial". Y, entre tanto, hemos tenido que soportar afirmaciones abominables en boca del mismísimo Rajoy y de los suyos respecto a la democracia española.
¿Pero tiene remedio esta derecha? He aquí la cuestión más grave.
Enric Sopena es director de El Plural
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